Es el gasto público, estúpido


Por Diego Piccardo, economista de Libertad y Progreso

En estos días el gobierno de Alberto Fernández dio a conocer las primeras medidas del plan económico que, prácticamente, consiste en subir impuestos.

En la primera conferencia de prensa, si hay algo que quedó claro, es que el flamante Ministro de Economía, Martin Guzmán, entiende la restricción del presupuesto del sector público. Dato que no es menor dado que vivimos por décadas con políticos que piensan que se puede vivir siempre por encima de nuestras posibilidades, sin entender que todo peso que gasta del estado tiene su fuente para financiarlo.

En este sentido, Martín Guzmán tiene pleno conocimiento de que el gasto público solo se puede financiar de tres formas: impuestos, emisión monetaria y/o deuda. Haciendo memoria, y a grandes rasgos, podemos afirmar que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner financió gran parte del gasto público con emisión monetaria, el de Mauricio Macri lo financió con deuda pública, y todo parece indicar que el gobierno de Alberto Fernández lo va a financiar vía suba de impuestos, ya que el ministro afirmó que no va a haber ajuste fiscal el año próximo, aunque hay que rescatar que advirtió que tampoco hay margen para seguir expandiendo el gasto público, y que, por suerte, declaró que una emisión monetaria excesiva para financiar al déficit fiscal es desestabilizante.

Martín Guzmán

Sin embargo, las tres fuentes de financiamiento tienen sus aspectos negativos, pues el abuso de cualquiera de las tres fuentes es perjudicial para cualquier economía. Si un gobierno abusa de la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal se genera una mayor inflación (que en definitiva no deja de ser un impuesto), si se acumula mucha deuda pública para financiar el déficit fiscal se desemboca en una crisis como la que estamos pasando hoy en día, y si abusas de los impuestos se termina ahogando al sector privado, disminuyendo la producción y, por ende, generando un menor crecimiento económico y más desempleo.

El problema, que a esta altura ya parece que es crónico en nuestro país, es que nadie piensa o nadie se anima a reducir el tamaño del Estado, que llega al 38,9% del PBI, mientras que en el resto de los países de Latinoamérica el promedio es de 30,15% del PBI, y que, para mantenerlo, se recurre a alguna de las tres fuentes de financiamiento que, como dijimos anteriormente, todas traen problemas económicos. En este sentido, buscar mantener a toda costa un Estado impagable e ineficiente es una irresponsabilidad enorme por parte de nuestros gobernantes que tiene que cambiar lo más rápido posible.

Para ello, lo que se tiene que lograr, es un equilibrio fiscal vía una reducción del gasto público significativo, evitando tener que recurrir al terrible aumento de impuestos que estamos atravesando hoy en día y haciendo posible una baja importante de impuestos que incentive al sector privado a invertir y generar empleo genuino a la población. Argentina necesita esta baja de impuestos para reducir la presión impositiva sobre el sector privado que es del 31,3%, muy superior al promedio de Latinoamérica (23%) según datos de la OCDE.

En este sentido, el problema principal de Argentina no es el incremento de impuestos o la emisión excesiva de dinero. El problema es que ningún gobierno se compromete a bajar el gasto público que es la madre del déficit fiscal que causa que el Estado requiera de impuestos impagables o de una inflación del 55% para financiarlo. 

Miércoles, 8 de enero de 2020